• Bodegones Urbanos I | Impresión Glicée en papel algodón. | 125x90 cm | 1/5 | 2013

  • Bodegones Urbanos II | Impresión Glicée en papel algodón. | 125x90 cm | 1/5 | 2013

  • Bodegones Urbanos III | Impresión Glicée en papel algodón. | 125x90 cm | 1/5 | 2013

  • Bodegones Urbanos IV | Impresión Glicée en papel algodón. | 125x90 cm | 1/5 | 2013

  • Bodegones Urbanos V | Impresión Glicée en papel algodón. | 125x90 cm | 1/5 | 2013

  • Bodegones Urbanos VI | Impresión Glicée en papel algodón. | 125x90 cm | 1/5 | 2013

  • Bodegones Urbanos VII | Impresión Glicée en papel algodón. | 125x90 cm | 1/5 | 2013

  • Bodegones Urbanos VIII | Impresión Glicée en papel algodón. | 125x90 cm | 1/5 | 2013

  • Bodegones Urbanos IX | Impresión Glicée en papel algodón. | 125x90 cm | 1/5 | 2013

MR | BODEGONES URBANOS

La figura de Sánchez Cotán siempre nos había interesado por sus enigmas y lagunas irresueltas, por el extraño y duradero olvido de siglos, por su redescubrimiento y valoración reciente que roza la veneración, por su repentina mutación entre una vida civil alterada que finaliza religiosa y plácida en una cartuja, a la madura edad de 43 años. También su arte, entre religioso y profano, lleno de complejidades y problemas iconográficos, cuya culminación son unos misteriosos y pulcros bodegones que, aunque valorados en su época, no conocieron la fama internacional hasta la exposición monográfica que el Museo del Prado organizó en 1935. También su corto número, 9, de los cuales sólo se conocen 7, nos hacía fantasear e imaginar donde estarían los otros dos, si serían hallados en una colección secreta, estarían ocultos tras un retrato, o desaparecieron en un incendio. Así, adictos a la historia ficción, nos propusimos la tarea de completar la obra del gran Sánchez Cotán en Argentina, incorporando los dos faltantes con la aportación de nuestras propias fotografías e iconografías.

Por esas mismas fechas, sorprendidos por los índices de miseria y de personas sin hogar que nos encontrábamos en las calles de Buenos Aires, estábamos haciendo una serie, también inconclusa, que ya llamábamos: “Bodegones urbanos”, eran fotografías tomadas en las calles de bolsas, paquetes, ropas usadas y restos de comida que los “sincasa” dejaban en los portales de las tiendas, bancos, puertas y vitrinas de comercios, para marcar territorio, para indicar que ese portal era suyo y que ese sería su hogar para pasar, de manera precaria e inhumana, la inminente noche. Sorpresivamente los marcos de los escaparates de las tiendas, tenían mucho que ver con los límites de las alacenas pintadas por Cotán, donde él encuadraba sus bodegones y al mismo tiempo esos objetos señaladores de propiedades efímeras que dejaban los vagabundos porteños; esas bolsas llenas de objetos absurdos, esas telas sucias y malolientes, esas botellas de plástico rellenadas con agua de las fuentes…tenían mucho que ver en su disposición espacial con los objetos representados como frutas, verduras, flores y pájaros que protagonizaban los bodegones del pintor cartujo.

Esta coincidencia que se establecía con más de 4 siglos de diferencia entre los bodegones de Sánchez Cotan y nuestra serie-denuncia contra la miseria y el abandono de las políticas sociales para los menos favorecidos, tenía una extraña coherencia que hacía que nos planteáramos la posibilidad de ir intimando en esa relación, de estrechar la distancia entre el cartujo y nosotros, de conseguir una continuidad artística por encima de los siglos, de aproximar nuestras posturas estéticas y confluir juntos en una perfección formal, ya dada por el maestro, con el añadido de una denuncia social que es conceptualmente obligatoria en nuestro trabajo.

¿Como íbamos a lograr ese viaje alucinante a través de la Historia del Arte? La primera premisa era ver como sustituiríamos las frutas, verduras y flores por los objetos habituales de uso de los “sincasa”. Así, decidimos adquirir esos objetos, que, por sus características de forma y color nos parecían adecuados para nuestros propósitos, a los propios habitantes callejeros.
Resolvimos no filmar o documentar esta transacción porque no queríamos añadir nada posiblemente tendencioso o publicitario a la pretendida pureza de nuestras fotos (que tendrían que ser de la misma pureza que los bodegones del maestro Cotán). Pero frente a la frescura de vegetales y frutas, estos objetos si deberian mostrar la pátina de su uso, el misterio y la diversidad de su procedencia. Los bodegones aparentemente son imágenes donde nada sensacional ocurre, todo aparentemente es irrelevante. En idioma alemán los bodegones se llaman Stilleben, “vida calma”. Nosotros queríamos introducir un contexto, un relato contemporáneo, que interesara e incomodara al espectador por encima de lo estético.

También era muy importante tener una relación próxima con los bodegones barrocos en gamas de color e iluminación; no copiarlos, pero si mantenerse en una contención cromática que hiciera que las fotos tuvieran la misma cualidad reservada y atemporal en lo formal.

Realizamos en el estudio una ventana en blanco como la de las alacenas de Cotán y a cada fruta, verdura u objeto de los bodegones barrocos lo sustituíamos por cada uno de los objetos que habíamos adquirido a los “sincasa”, en todas nuestras versiones, siempre por los mismos. Así el cardo blanco se convirtió en un fuerte paño granate utilizado por el vagabundo para aislar su cuerpo del suelo, la perdiz en un calzoncillo rojo desgastado por el uso, las zanahorias son una bolsa de plástico naranja con una lata y botella de plástico dentro… produciéndose una transición icnográfica y temática de comienzos del siglo XVII a la segunda década del siglo XXI. Los objetos los fuimos colocando de acuerdo a las fotos que teníamos de los bodegones dentro de la ventana en la misma o parecida posición y los iluminamos con un foco y un flash para dar una luminosidad próxima a los cuadros de Cotán. Nos sorprendió como la luz y el encuadre blanco aproximaba de una manera increíble los dos mundos.

Hay un fuerte contraste entre la profundidad del espacio que generan los obscuros fondos y la abstracta simplicidad lumínica de la ventana. Estas ventanas son como marcos fotográficos, como escaparates de venta, como enmarcadores de un producto deseable, como antecedentes de los modernos anuncios publicitarios, la misma disposición de los productos, su categorización, su estudio del impacto visual confieren esta característica. Hay un interés también de configurarlos como objetos por encima de lo real, pintados con una intención de apariencia hiperrealista, pero al mismo tiempo hay un sentimiento de intimidad muy profundo, es como un anunció contemporáneo de ropa interior, es íntimo y a la vez muy público.

Ese mismo pretendíamos realizar con nuestras fotografías, pero en este caso la publicidad incluía no sólo la exhibición de una situación íntima de personas concretas, los propietarios de los objetos, sino la revelación de la denuncia de una grave injusticia que se está cometiendo cada vez con más personas y que el resto pretende ignorar.

Esta serie que tiene más de 10 años se convierte en intemporal, como los mismos cuadros de Cotán, por estética y por su carga política y social. Pero en su atemporalidad no pueden ser más actuales hoy día. La situación de los “ sincasa” no sólo no ha mejorado sino que ha empeorado con el tiempo, la crisis en Argentina se ha convertido en una constante, la enorme brecha se ha ido agrandando. Parece que no existe solución, que no solo Argentina, que el mundo entero ha caído en la debacle más absoluta, que la situación de los “sincasa” no era la consecuencia final de la degradación de una sociedad, sino el principio del gran desastre. La pandemia del Covid19 ha profundizado y deteriorado más los cimientos de la crisis y la injusticia. No hay vuelta atrás. ¿Dónde se confinan los ”sincasa”? ¿Cuál es su refugio? Las ventanas hacia la nada con sus improvisados y pobres objetos, resisten solitarias la convulsión del fin de una era. El paño granate-cardo blanco, las bolsas de plástico- zanahorias, el calzoncillo rojo desgastado-perdiz, se irán llenando de polvo, opacando sus colores, desaparecerán sus improvisadas formas por la acción de un viento sin origen ni destino; sólo quedará el marco blanco-hueso convertido en un pobre soporte gris mate. Lo único que se conservará intacto será el fondo negro, el terrible abismo del final de los tiempos.

Así, está reducida serie de fotografías, se convierte en las actualizadas postales, en las vedute, que compran como recuerdo los turistas inexistentes.